San Jose Rio Minas, Oaxaca
San José Río Minas es un pueblo muy pequeño ubicado en la Mixteca Alta de Oaxaca. Se tarda unas cuatro horas en llegar, pero el trayecto es surrealista: atraviesa microclimas, milpas, pequeños arroyos y campos de agave silvestre hasta donde alcanza la vista. El pueblo se encuentra a gran altitud, pero dentro de un valle, en el límite entre la Mixteca y la Sierra Sur.
Solo cuenta con lo básico: una iglesia con una plaza, una escuela, una cancha de baloncesto y unas cuantas calles bordeadas de casas silenciosas, muchas de ellas abandonadas, con flores silvestres que brotan entre las paredes agrietadas. Dentro del pueblo hay pocos árboles; pero afuera, el paisaje se abre a arroyos, ríos, parcelas de maíz y bosques. Solo hay una tienda, que también es una casa, donde se vende casi todo. Un pedazo de cartón pegado con cinta adhesiva a la puerta enumera a mano el inventario; cuando algo se agota, se tacha. Aquí es donde el pueblo compra lo que necesita. Todo lo demás proviene de la tierra.
De las flores mixtecas a la emoción intensa
Su mezcal es brillante y expresivo. Se abre con notas claras de flores y hierbas mixtecas, como violetas y hoja santa, seguidas de un final limpio a eucalipto. Don Roberto Gutiérrez trabaja principalmente con espadín, produciendo un mezcal preciso y vivaz. También es intenso, con cambios de tono fluidos, muy parecido al pueblo y al propio Don Roberto, que pasa de la alegría a la emoción sin previo aviso.
Un pueblito improvisado
San José Río Minas es una de las comunidades productoras de mezcal más alejadas de la ciudad de Oaxaca. Las estimaciones más recientes sitúan su población en alrededor de 300 personas, y cuenta con unos quince palenques en funcionamiento en sus alrededores, lo que concentra la producción en un paisaje por lo demás tranquilo.
Surgió como una ramificación de Teozacoalco y creció lentamente, sin un momento de fundación definido ni un plan formal. Ese origen aún se nota: el pueblo sigue siendo pequeño, disperso y, en gran medida, autosuficiente. La vida aquí gira en torno al mezcal y a la tierra que lo rodea. La infraestructura es limitada, los servicios son escasos y la producción se lleva a cabo a escala humana, marcada por el terreno, la distancia y los ritmos del valle.
Silencio físico, emociones intensas
El pueblo se siente tranquilo e intenso. El calor se instala y el silencio se percibe de manera física. Pero dentro de la casa de Don Roberto, la energía cambia. Él recibe a la gente con elegancia y franqueza, ofreciéndoles Coca-Colas en botellas de vidrio como un verdadero deleite. La hospitalidad es inmediata. Su nuera cocina cerca de ahí, trabajando en la cocina de barro y preparando tortillas sobre la marcha. Montse, su nieta, entra y sale, recogiendo flores de los árboles del patio. Los hombres suelen estar afuera, juntando leña o ayudando con las cosechas.
The result
The combination of altitude, tradition and traditional methods produces a mezcal that is not a standard profile, but a spirit that reflects its origin - unmistakably of this place, and true to the way it is made.
Shaped by the Land
Explore the regions where each mezcal takes its character.







